Comunicación interna

Ventas odia a Marketing. Marketing no entiende a Ventas. Y los dos tienen razón.

Marilena Sánchez · · 9 min de lectura
Ventas odia a Marketing. Marketing no entiende a Ventas. Y los dos tienen razón.

Imagina que en una cocina de restaurante trabajan dos equipos.

Uno cocina. El otro sirve.

El cocinero prepara un plato con lo que tiene: los ingredientes de temporada, la carta que diseñó el chef, los tiempos que marca el proceso. El camarero llega con una mesa que pide el plato sin gluten, sin cebolla, con la salsa aparte y para ya porque llevan cuarenta minutos esperando.

El cocinero mira al camarero como si fuera el enemigo.

El camarero mira al cocinero como si fuera un obstáculo.

Y el cliente, en medio, esperando su plato frío con cara de "¿en serio esto es un restaurante?"

Ahora sustituye "cocinero" por Marketing, "camarero" por Ventas, y "cliente" que espera por el negocio que se va perdiendo mientras los dos departamentos se miran con desprecio. Bienvenido a casi todas las empresas del mundo.

El conflicto más antiguo de la historia corporativa

El enfrentamiento entre departamentos que dependen el uno del otro es tan viejo como el concepto de empresa. Y tan universal que da igual el sector, el tamaño o el país: en algún pasillo, en algún hilo de correos con copia a medio mundo, hay dos equipos que se necesitan mutuamente y que no soportan trabajar juntos.

Ventas vs. Marketing. Ventas dice que los leads que manda Marketing son una basura. Marketing dice que Ventas no sabe cerrar ni una puerta. Los dos tienen algo de razón. Los dos se niegan a admitirlo.

Producción vs. Comercial. El equipo comercial promete fechas de entrega que producción no puede cumplir. Producción planifica a su ritmo sin tener en cuenta lo que el cliente necesita. Y en medio, el cliente preguntando dónde está su pedido.

IT vs. Todo el mundo. IT dice que no se puede hacer. Todo el mundo dice que IT nunca quiere hacer nada. IT tiene razón en el 60% de los casos. Todo el mundo tiene razón en el otro 40%. Nadie habla del 40%.

RRHH vs. Los managers. RRHH pide que se sigan los procedimientos. Los managers dicen que los procedimientos están diseñados para un mundo que no existe. Los dos tienen un punto. Y los dos lo ignoran.

Y si salimos del mundo de los trajes y los portátiles, el conflicto es exactamente igual.

En una obra, el jefe de obra y el arquitecto llevan décadas en guerra: uno diseña lo que quiere, el otro construye lo que puede. En un almacén logístico, el equipo de picking y el de administración de pedidos se echan la culpa mutuamente de cada error. En un hospital, enfermería y el equipo de admisiones viven en una tensión permanente que el paciente nota aunque nadie se lo diga.

El conflicto interdepartamental no es un problema de grandes corporaciones. Es un problema de cualquier lugar donde dos grupos de personas necesitan coordinarse para que algo funcione.

¿Por qué pasa esto? (Y no, no es culpa de las personas)

Aquí viene la parte que menos gusta escuchar.

El problema rara vez es que la gente sea mala, vaga o incompetente. El problema es que cada departamento está midiendo cosas distintas, con incentivos distintos, hacia objetivos que no siempre apuntan en la misma dirección.

Ventas tiene un objetivo de cierre mensual. Marketing tiene un objetivo de leads generados. Si el mes acaba y Ventas no ha cerrado suficiente, la culpa es de los leads. Si el mes acaba y Marketing ha generado leads que no se convierten, la culpa es de Ventas. Ambos pueden tener sus números en verde y el negocio estar sangrando.

Producción quiere estabilidad, previsibilidad y cero sorpresas. Comercial quiere flexibilidad, velocidad y cliente contento. Estos dos mundos no son compatibles por naturaleza. Y si nadie los hace compatibles por diseño, chocarán por defecto.

El conflicto no empieza en las personas. Empieza en la arquitectura.

En cómo están diseñados los objetivos, los procesos y —esto es lo que más duele— los sistemas de recompensa. Cuando Ventas cobra por cerrar sin importar la calidad del cliente, van a cerrar clientes malos. Cuando Marketing cobra por número de leads sin importar si son cualificados, van a generar volumen sin criterio. Y luego se mirarán con desprecio desde sus trincheras, convencidos de que el problema es el otro.

Lo más irónico de todo es que los dos departamentos suelen querer lo mismo: que el negocio vaya bien. Pero como cada uno tiene su propia versión de lo que eso significa, acaban siendo rivales en lugar de aliados.

El momento en que la tensión se convierte en trinchera

Hay una diferencia entre tensión productiva y guerra de trincheras.

La tensión productiva es sana. Dos equipos con perspectivas distintas que se cuestionan mutuamente pueden llegar a mejores soluciones que un equipo homogéneo que siempre está de acuerdo. El roce genera chispa. A veces esa chispa es lo que hace avanzar.

La guerra de trincheras es otra cosa.

La guerra de trincheras es cuando el objetivo deja de ser resolver el problema y pasa a ser no perder frente al otro departamento. Cuando las reuniones conjuntas se convierten en sesiones de acusaciones cruzadas con PowerPoints. Cuando la información se retiene estratégicamente porque compartirla con el otro equipo sería darles ventaja.

Y lo más gracioso —bueno, gracioso no, trágico— es que los clientes lo notan antes que los directivos.

El cliente que llama a Atención al Cliente y le dicen que eso lo tiene que gestionar Ventas. Que llama a Ventas y le dicen que eso lo resuelve el equipo técnico. Que llama al equipo técnico y le dicen que primero tiene que pasar por Administración. Ese cliente no está experimentando un problema departamental. Está experimentando una empresa que no funciona. Y probablemente ya esté mirando a la competencia.

Cinco señales de que tu empresa ha cruzado la línea

1. Los emails tienen más gente en copia de la que debería.
Cuando alguien manda un correo con quince personas en copia, no está informando. Está cubriendo las espaldas. Es el síntoma de un entorno donde nadie confía en el otro y todos necesitan testigos.

2. En las reuniones conjuntas, cada equipo llega con su versión de los datos.
Ventas tiene sus números. Marketing tiene los suyos. Nadie está usando la misma fuente de verdad. Y la reunión acaba siendo un debate sobre cuáles son los datos correctos en lugar de qué hacer con ellos.

3. Cuando algo falla, lo primero es buscar al culpable.
No el origen del problema. No la solución. El culpable. Si en tu empresa la primera pregunta después de un error es "¿de quién fue la culpa?" en lugar de "¿qué falló en el proceso?", estás en territorio de trincheras.

4. Los equipos no se hablan directamente.
Todo pasa por tres niveles jerárquicos para preguntar si un pedido es urgente de verdad o puede esperar una semana. La burocracia como síntoma de desconfianza.

5. Hay "nosotros" y "ellos" en el vocabulario de tu equipo.
"Es que ellos nunca entregan a tiempo." "Es que ellos no tienen ni idea de lo que pasa en el mercado." Cuando el lenguaje tribalizó, el problema ya lleva tiempo instalado.

Si reconoces tres o más de estos síntomas en tu empresa, no tienes un problema de comunicación. Tienes un problema de diseño organizacional que se está manifestando como un problema de comunicación.

Cómo no convertir una pugna en una guerra

La buena noticia es que esto tiene solución. La mala es que la solución requiere que alguien —generalmente alguien con autoridad— decida que el problema existe y merece atención.

Comparte los objetivos, no solo las tareas.
Si Ventas y Marketing no saben lo que cada uno está midiendo, nunca podrán alinearse. Parece obvio. No lo es. Una reunión mensual donde cada equipo explica en qué está siendo medido y qué necesita del otro para conseguirlo puede cambiar completamente la dinámica.

Crea rituales de contacto humano.
Mucho conflicto interdepartamental nace de que la gente no se conoce. El comercial no sabe cómo trabaja el equipo de producción. El diseñador no sabe qué preguntas le hace el cliente al equipo de ventas. Un café, una comida conjunta, un día de inmersión en el trabajo del otro equipo. Suena a bonding corporativo de los años 90. Funciona igual.

Pon a alguien responsable del espacio intermedio.
El problema de "ese no es mi departamento" nace de que nadie es responsable de lo que pasa entre departamentos. Designar a alguien —una persona, un rol, un proceso— explícitamente responsable de que la coordinación entre dos equipos funcione. No para resolver los conflictos, sino para que exista un espacio donde se puedan nombrar antes de que escalen.

Resuelve los conflictos de incentivos antes de pedir colaboración.
Pedir que "trabajen mejor juntos" sin cambiar los incentivos es pedirles que sean voluntariamente peores en lo que se les evalúa. No funciona. Funciona alinear los incentivos.

Habla del problema en voz alta.
En muchas empresas, la tensión entre departamentos es el elefante en la habitación que todo el mundo ve y nadie nombra. Nombrarlo no lo resuelve, pero crea el espacio para que se pueda resolver. Una pregunta en una reunión de dirección: "¿Qué está frenando la colaboración entre estos dos equipos?" puede valer más que seis meses de dinámicas de team building.

La última ironía

Los departamentos que más se necesitan mutuamente son, casi siempre, los que peor se llevan.

Ventas necesita a Marketing para tener leads. Marketing necesita a Ventas para entender al cliente. Producción necesita a Comercial para saber qué fabricar. Comercial necesita a Producción para prometer algo que se pueda cumplir.

La interdependencia debería ser el mayor incentivo para la colaboración. Y sin embargo, es exactamente donde más frecuentemente aparece el conflicto.

Así que la próxima vez que escuches en tu empresa "el problema es de Marketing" o "es que Producción nunca cumple" o "IT no ayuda a nadie", no te quedes con la frase.

Pregunta por debajo.

¿Qué necesita ese equipo que no está recibiendo? ¿Qué está midiendo que le impide colaborar? ¿Quién diseñó un sistema donde la única forma de "ganar" es que el otro equipo "pierda"?

Porque el problema casi nunca es la gente. Casi siempre es la arquitectura.

Y la arquitectura se puede cambiar.